Cada año el Zinemaldi recibe a algún visitante que acaba poniendo la ciudad patas arriba. Si otros años fueron Angelina Jolie, Johnny Depp, Richard Gere, John Travolta o Mel Gibson, este año ha tocado a otro monstruo sagrado del cine atraer a miles de fervorosos mitómanos a los aledaños del Hotel Maria Cristina, a la alfombra roja del Kursaal, o a cualquier lugar dónde supuestamente pudiera pasar el famosete. El nombre que nos visita esta edición ha sido nada menos que Brad Pitt, personaje que ha desatado la locura generalizada, y que ha venido a promocionar su última película como actor y productor, “El Corazón de la Bestia”, escrita por Cameron Alexander, dirigida por David Ayer.

 

Este humilde cronista ha de reconocer que detesta las jornadas en las que dichos nombres revolucionan la ciudad; demasiada gente, demasiadas carreras y demasiados gritos por doquier. Sin embargo, he de quitarme el sombrero por la actitud de Mr. Pitt. Nunca se había conocido en Donosti semejante entrega ante sus fans como la que ha demostrado el de Oklahoma. Durante la rueda de prensa y tras ella se mostró amable como el que más, pero lo gordo llegó durante la gala de presentación de la película, en la entrada del Kursaal. Miles de seguidores (literalmente) le esperaban para recibir una firma o hacerse un selfie con él, por lo que, tras el consabido photocall a la entrada del auditorio, y recibir los aplausos de la sala llena a rebosar, una vez apagada la luz y empezada la sesión, decidió volver a salir a la alfombra roja y atender a todos los presentes. Fueron cerca de dos horas las que invirtió haciendo felices a todos cuantos le esperaban; jamás lo había hecho otro compañero de profesión, tanta entrega es desconocida.

Por todo ello, solo se puede agradecer a Mr. Brad Pitt el detalle de dejar a todo el mundo contento, prescindiendo de aureola de mega estrella de Hollywood, y dejando un excelente sabor de boca en San Sebastián. Ojalá todos fuera así.